La primera y fundamental es que resulta absolutamente imprescindible para evitar el tan frecuente problema de estreñimiento. Además la presencia de fibra en la alimentación regula y frena la absorción de los hidratos de carbono y de las grasas. Gracias a dicha propiedad se convierte en pilar fundamental para la prevención y tratamiento de diversas enfermedades como lo son la diabetes y enfermedades cardiovasculares debidas al exceso de colesterol y de triglicéridos.
Por ello escoger alimentos con índice glucémico bajo nos ayuda a subir los niveles de azúcar, pero de forma progresiva y mantenida evitando los altibajos.
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Hay diferentes tipos de fibra en los alimentos, hay que priorizar los que no causen molestias o gases debido a la fermentación producida en el intestino como suele suceder con la fibra celulósicas contenidas en legumbres y cereales integrales que fermentan rápido, mientras que la pectina de las frutas es una fibra gelatinosa al igual que la de las algas, y determinadas semillas como algarrobo y lino, dónde se obtiene una fibra muy suave, fácil de asimilar.
Se aconseja consumir un mínimo de 30 gr diario de fibra para aprovechar sus ventajas, buscando los alimentos que lo contienen, para así también nutrir nuestra flora intestinal.
Referencia:
Roselló M.. (2011). La importancia de comer sano y saludable. España: Penguin Random House Grupo Editorial.