El propóleo es una sustancia elaborada por las abejas que ha sido consumida por años. Sus múltiples beneficios antibacterianos, antimicrobianos y antiinflamatorios lo convierten en un alimento indispensable a la hora de proteger y cuidar nuestro organismo.
Sus beneficios son muchos, así que vayamos a conocer qué es lo que este elemento puede aportar a nuestro organismo.
¿Qué es el propóleo?
El propóleo o propolis es una sustancia de una consistencia muy similar a la resina. Es fabricada por las abejas a partir de arbustos silvestres, abedules, sauces, robles y yemas de los álamos.
Debido a su composición a base de básamos, resina, cera de abeja, polen y aceites esenciales, este producto utilizado por las abejas para fabricar sus colmenas cuenta con grandes beneficios para los humanos.
¿Cuáles son sus propiedades y beneficios?
Ya tenemos claro qué es el propóleo, ahora veamos por qué es tan importante.
Este producto natural cuenta con diversas propiedades beneficiosas para el organismo.
- Antifúngicas y antibacterianas: es una propiedad que ayuda contra afecciones dermatológicas superficiales causadas por heridas u hongos.
- Antiinflamatorias, antivirales y anisépticas: gracias a esta función, el propóleo ayuda a prevenir hinchazones y proteger las vías respiratorias.
- Antioxidantes: ayuda a retrasar el envejecimiento de las células, esto se traduce en un sistema inmunitario más fuerte y en una menor probabilidad de padecer cáncer o enfermedades cardiovasculares.
- Antialérgicas: funciona como un antihistamínico natural, reduciendo irritaciones y estornudos. Aparte, su consumo periódico ayuda a mejorar las funciones ventilatorias.
- Antiinfecciosas: es buen elemento cicatrizante, de utilidad contra tumefacciones, supuraciones, dermatitis, úlceras y riesgo de infección por heridas.
- Antimicrobianas: que estimulan el sistema inmunitario al activar los fibrocitos, y evitando que los mastocitos secreten histamina.
- Bactericidas: estas propiedades le dan eficacia para tratar intoxicaciones por alimentos, infecciones cutáneas, caries, para combatir gérmenes como estafilococos, bacilos y estreptococos, y para potenciar el efecto de algunos antibióticos.